Ceviche Por Truco.

Mi pubertad y adolescencia estuvieron marcadas por el barrio. Los cruces de Batallón Callao y Melchor Malo en Surco marcaban la esquina en donde todos los sueños se podían hacer realidad.

Pichangas a toda hora, policías y ladrones, bata, Perú fútbol, escondidas, fiestas, carnavales, la rampa de skate, broncas contra otros barrios cercanos y aprender el que considero el valor máximo, la amistad.

Ahí entre todo el movimiento, conocí a Gonzalo Ferrand, tremendo personaje. Compinche de mil aventuras y escudero de varias conquistas. Amigo como pocos, corazón de oro y lealtad a toda prueba. Siempre una sonrisa para regalar y una capacidad increíble para encontrarle lo bueno a cada situación.

Verano de 1996 y mi viejo tenía la concesión del restaurante de la playa Totoritas. Yo que era un estudiante de primer ciclo de USIL, en la carrera de Administración Hotelera, tenía que hacerme cargo del local, para seguir así los pasos de mi padre. Pedí poder llevar a alguien y es así como contraté a Gonzalo de cajero.

Partimos al sur, yo cevichero y administrador, el cajero y encargado de almacén. La semana se hacía larga y el fin de semana era demasiado intenso. Un martes Gonzalo saca una baraja de cartas y me dice “mi vieja está saliendo con un gringo que es mago, te hago unos trucos”.

Sacó las cartas, barajó y me hizo los que serían los primeros trucos de mi repertorio.

-¿Cómo carajo hiciste eso?

-Es magia.

-Que magia huevón, es un truco, enséñame.

-Te los cambio por un ceviche.

-Te invito 10 ceviches si quieres.

-No, yo te enseño los trucos y tu enséñame a hacer un ceviche.

Los trucos aprendidos generaron plata inmediatamente. Me di cuenta que tenía una increíble y nunca descubierta habilidad para las cartas, conocí el poker y esa aventura de 3 meses empezó a tener mucho más sentido. Ese verano y el invierno que le siguió, ganamos mucha plata con pequeñas trampas al poker y algunos trucos que yo había convertido en apuestas.

Hoy 19 años después y con una historia increíble que contar, soy sin quererlo un entretenedor metido en la magia, un mago sin capa, sin varita y sin conejo. Dejé la estafa, pero no la mentira, encontré el truco que me acercó a la magia. Hice a la fecha miles shows, viaje con mi baraja, fundé Casa Májika y si quieren saber como le fue a mi amigo, “googleen” su nombre.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

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