ENSAYO.

El problema que tengo con el ensayo es el mismo que tuve en el colegio con el estudio.

Nunca tuve cuadernos, jamás estudié para un examen y en los trabajos grupales, siempre exponía a cambio de que otros hagan el “tipeo”. En la universidad se prolongó esta costumbre y el exilio fue el obvio final de esa aventura.

El tema este, que no me gusta ensayar, es el mismo que hacia que cuando futbolista no me gustara entrenar.                     Decía el gran Samuel Eugenio , capo entrenador de menores que me tuvo en ese mágico equipo que era la “U” categoría 77 . “Plomito tapa mejor si no entrena”.                                                                                                                                               Solo sin entrenar y de ser posible un poco lesionado podía salir lo mejor de mi. Sentía que en las prácticas agotaba mis trucos, ponía mis recursos e improvisaciones en el entrenamiento y llegaba al partido de verdad, totalmente cansado y sin inspiración.

El asunto de simular una realidad que no va a ser realidad hasta que sea realidad, me genera un conflicto interno de la puta madre. Estoy seguro de ser un excelente creativo, las ideas me llegan, pero así también estoy muy seguro de ser un pésimo ejecutante, si hablamos de cantidades de ideas ejecutadas.

No puedo, es muy difícil . En mi cabeza funciona así:

Se me ocurre la idea y me emociono con ella, le doy la vuelta , la pienso, la pienso, la imagino, la proyecto, escribo mentalmente el guión que garantizara la respuesta excelente del público y hasta puede ser que en una hoja plasme ese “speach”. Luego empieza el problema, viene lo difícil, lo tedioso, lo imposible hasta el momento. Entro a mi estudio me paro frente a los anaqueles, saco los elementos necesarios y los pongo en la mesa de ensayo (no se porque tengo una mesa de ensayo). Es ahí donde siento un temblor en el cuerpo, seguido de una voz en mi interior que me dice: “¿Que estas haciendo?”. Me desespero y dejo las cosas, me siento, volteo a la computadora y escribo alguna estupidez sin sentido ni relación con el tema. Luego me calmo y vuelve esa voz: “ Ensaya, se profesional, toma las cosas, cálmate y practica esta nueva rutina”. Doy la vuelta, me acerco otra vez a la mesa. Cuando creo que voy a ser el chico bueno del la magia, dejo todo, lo mando al carajo y me voy .

Mientras salgo del estudio recibo una llamada. Necesitan un show, escucho, propongo, presupuesto rápidamente y acepto. Lo que vendrá a los pocos días y en ese show será la nueva y nunca terminada rutina de magia que generará aplausos risas o tal vez un incómodo silencio.

Lo siento, trato, pero no puedo, soy un mago prisionero de este espíritu aventurero, un conchudo performer que prefiere seguir confiando en su talento. Un tipo que necesita esa adrenalina de tener algo que no esté tan establecido.

Un Truquero Improvisado.

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